Pocos caminos del vino cuentan con la belleza y fuerza del paisaje natural, las formas y coloridos de sus montañas, una rica historia y la presencia de costumbres milenarias. En los Valles Calchaquíes, el turismo del vino se conjuga con otras propuestas como el ecoturismo, el turismo cultural y el turismo aventura.


La gastronomía autóctona con recetas andinas o criollas (tamales, humitas, locro, empanadas) es un icono característico en la región, entre otros nuevos sabores del vino como los helados artesanales de Torrontés o Cabernet.


La oferta de alojamientos es de alta calidad en hosterías, fincas rurales o bodegas que disponen de exclusivos hoteles en las viñas. Otro servicio distintivo es la vinoterapia, con novedosos tratamientos a base de vino en modernos spas.


A las visitas y degustaciones guiadas en bodegas se suman actividades especiales como programas de cosecha. En el mes de marzo, la vendimia comunitaria en Finca Las Nubes ya es un clásico. También se puede visitar el Museo del Vino en Cafayate, que guarda la historia vitivinícola de la región y que pronto será totalmente renovado.