La administración que inicié el 10 de diciembre de 1995, tuvo la voluntad política de realizar profundos cambios estructurales no limitándose a acelerar las reformas, sino planteando una nueva concepción doctrinaria del manejo del Estado.

Durante mi administración, reformar el Estado significo llenarlo de conocimientos, de capacidad técnica, de profesionalismo porque el amiguismo y el clientelismo debían dar paso al sabe

La administración que inicié el 10 de diciembre de 1995, tuvo la voluntad política de realizar profundos cambios estructurales no limitándose a acelerar las reformas, sino planteando una nueva concepción doctrinaria del manejo del Estado.

Durante mi administración, reformar el Estado significo llenarlo de conocimientos, de capacidad técnica, de profesionalismo porque el amiguismo y el clientelismo debían dar paso al saber. La reforma del Estado es un medio, no un fin en si mismo.

Nada ha sido fácil, desde el caos administrativos hasta la inexistencia de estadísticas y relevamientos serios. Cuando asumimos en 1995 en todos los aspectos de la realidad provincial se percibía una incalificable actitud de desinterés y prejuicio del Estado. Resultaba difícil entender como la función pública había sido el nido de la inoperancia y de la corrupción en detrimento de toda una provincia.

En 1995 el déficit del presupuesto ascendía a 96 millones de pesos, por el contrario, desde 1996 hasta el final de nuestro mandato logramos resultados positivos gracias a la disciplina fiscal y la autorización previa del gasto que fueron herramientas básicas para una gestión pública responsable respetados a partir de 1996. Las cuales complementándose con un moderno Sistema de Administración Financiera permitieron avanzar positivamente en la gestión pública, sin quebrar cadenas de pago a empleados estatales, proveedores y contratistas. La reforma del Estado es un medio, no un fin en si mismo.

Nada ha sido fácil, desde el caos administrativos hasta la inexistencia de estadísticas y relevamientos serios. Cuando asumimos en 1995 en todos los aspectos de la realidad provincial se percibía una incalificable actitud de desinterés y prejuicio del Estado. Resultaba difícil entender como la función pública había sido el nido de la inoperancia y de la corrupción en detrimento de toda una provincia.

En 1995 el déficit del presupuesto ascendía a 96 millones de pesos, por el contrario, desde 1996 hasta el final de nuestro mandato logramos resultados positivos gracias a la disciplina fiscal y la autorización previa del gasto que fueron herramientas básicas para una gestión pública responsable respetados a partir de 1996. Las cuales complementándose con un moderno Sistema de Administración Financiera permitieron avanzar positivamente en la gestión pública, sin quebrar cadenas de pago a empleados estatales, proveedores y contratistas.